Exposición montada en el festival de música Earthdance 2007. Formato; 100 X 40 cm, impresas color sobre papel adhesivo pegado en fomex.

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Como seres humanos dotados de autoconciencia percibimos del  mundo sus movimientos y las fuerzas que actúan para desencadenarlos. Nuestra cultura ha desarrollado, a través de su tradición, un método racional- analítico para poder explicar estos movimientos a través de una serie de desglosamientos del mundo, ejerciendo una clara distinción entre lo animado y lo inanimado, separando en reinos, especies y subespecies infinitas. Lo más particular de la  naturaleza a quedado, bajo esta visión, reducido  a una fracción separada del todo, con una frialdad clínica. 
¿Qué es lo que pasa, en cambio, cuando el ser humano es capaz de maravillarse con el trabajo de una humilde abeja?, ¿Qué  es lo que nos permite pensar a una abeja como sujeto de una representación?
Desde el sentir del todo indiferenciado “La naturaleza”, a la preocupación detallista por lo más específico, sin el reduccionismo del análisis racional, nos guía la idea de que en lo pequeño se encuentra manifestada la idéntica fuerza de lo mayor, con el mismo grado de perfección en su desarrollo y con la misma coherencia.
La inmensa flor atrae con fuerza magnética a la abeja, de la misma forma en que el gigantesco óvulo atrae al espermatozoide.
La hormiga parece tener la misma “voluntad” que un héroe bíblico, al atravesar el inmenso desierto rocoso en pos de un objetivo claro, pero ajeno a nuestra comprensión. 
La avispa, en la perfección de su diseño, nos mira mostrándonos todo su dinamismo, pasando de ser un objeto descriptible, en puro afán analítico, a un sujeto retratable en si mismo.
De esta forma trasladamos en la mirada  la fuerza motora de la naturaleza desde el todo, lo continuo, hasta lo más pequeño y perfecto.

Natalia Marin